Francisco Romero tiene 61 años y lleva más de dos apartado de los juegos de azar. Es de Alcázar de San Juan, y ahora levanta la cabeza para decir que es «un hombre nuevo», algo que le ha costado mucho trabajo. «Robaba dinero a mis padres porque la cartilla con sus ahorros la tenía yo, y lo hacía para jugar», explicó, para luego abanderar la reivindicación que Larcama (Ludópatas Asociados en Rehabilitación de Castilla-La Mancha) llevó ayer a la plaza Mayor de Ciudad Real. «No somos viciosos, somos enfermos».

La historia de Francisco tiene un final feliz gracias a la intervención de su hermano. «Fue él quien me cogió ‘de las orejas’ y quien me puso manos a la obra para rehabilitarme», reconoció, y después de acudir a las primeras sesiones, el juego ha dejado de controlar su vida. «Ojalá lo hubiera hecho antes, pero no era capaz de verlo; mi vida se estaba viniendo abajo y yo no quería reconocer que era un ludópata, no podía», indicó, al tiempo que pide a familiares y amigos de otros enfermos de ludopatía que sean ellos los que ayuden a dar el paso definitivo hacia la salida. «Es muy difícil que un enfermo lo dé, por eso es tan importante quién está a su lado».

Larcama pide más prevención para hacer frente a la ludopatía.

Larcama, que forma parte de la Federación Española de Jugadores de Azar Rehabilitados (Fejar), agrupa a casi 1.880 socios entre las provincias de Toledo y Ciudad Real. Cada día 29 de octubre reivindican la celebración del Día Nacional sin Juego de Azar, y ayer, próxima la fecha, lo hicieron en Ciudad Real. «Queremos dar visibilidad a la asociación, que se dedica a la terapia y rehabilitación de enfermos de ludopatía», explicó José Alberto Ortega, presidente de Larcama, que incidió en que «en la sociedad actual, lo más difícil es reconocerse como enfermo, porque es una enfermedad que está muy mal vista».

Entre las reivindicaciones que abanderan está «controlar inmediatamente la publicidad de juego, implementar mecanismos de control en todos los puntos de juego y financiar vía presupuestos la intervención con personas afectadas», pero en su manifiesto incluyen una nota de agradecimiento «a las familias, profesionales y jugadores rehabilitados por su determinación». Un agradecimiento que Francisco hace todos los días a su hermano, que le apartó de la ludopatía.

 

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